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Vuélvete y recibe como niño

  • Foto del escritor: Llamadas A Ser
    Llamadas A Ser
  • 30 abr 2021
  • 3 min de lectura

Actualizado: 23 nov 2021



Dios en su infinita sabiduría, nos pide imitar dos grandes y hermosas características de los niños: La primera es que nos VOLVAMOS como ellos, es decir, seamos y sintamos como ellos. No está hablando en cuanto a la madurez, sino a no tener malicia. Dios quiere que seamos maduros en nuestra forma de pensar, pero que al mismo tiempo seamos inocentes, sin malicia ni perversión, tal como lo es un niño.(1 Co 14:20)

De manera que, si no nos VOLVEMOS así, no podremos entrar al reino de Dios, o lo que es sinónimo; no heredaremos la vida eterna.


La 2da cosa que Dios pide que imitemos de un niño, es el RECIBIR como ellos, el reino de Dios.

¿Y cómo es que ellos lo reciben?

Con plena certidumbre de fe, sin dudar en lo que Jesús ha dicho que hará, con toda confianza, con todo gozo y amor, echando todos sus temores en él, quien ha prometido tener cuidado de ellos. ¡Así es como nosotros los adultos debemos recibir el reino de Dios también!.


Por lo tanto, para ser coherederos juntamente con Cristo, se requiere de ambas cosas por igual: VOLVERNOS como niños, y RECIBIR el reino de Dios como ellos. ¿Y sabes? Es triste que muchas personas sólo se quedan en el 1er o 2do requisito.


Por ejemplo, por un lado, existen algunos que pueden VOLVERSE o SER como niños, pero no pueden RECIBIR el reino como ellos.

Pese a haber conocido la palabra de Dios, las vidas de esas personas se encuentran llenas de temores, de incertidumbre, de inestabilidad espiritual. Su fe se halla seguidamente fluctuando como las olas del mar, viene y va, un día creen y ¡al otro están dudando!

Sus vidas no se caracterizan por vivir en el gozo del Señor Jesús, sino que viven en insatisfacción, frustración, queja, lamento.


Y lo que ignoran es que no basta con ser bondadosos, con amar al prójimo como a uno mismo, sin guardar rencor, sin vengarnos nosotros mismos, porque la vida cristiana no consiste solamente en limpiar lo de afuera del vaso; sino que para poder entrar en el reino de Dios, ¡debemos creer!, debemos permanecer firmes y sin fluctuar en Jesucristo que es la roca de nuestras vidas y el ancla de nuestras almas.

Y porque debemos creer como dice la escritura, "fiel es el que prometió, y el que nos llamó que es Jesucrusto, el también lo hará en nosotros". (Heb 10:23, 1Tes 5:24)


Ahora, también se encuentra el otro lado de la moneda, donde podemos ver a personas que "aparentemente" evidencian una fe inamovible, viven sin temor, confiados, en gozo, etc.

Pero, hay un pequeño y a la vez grave problema: ¡No se vuelven como niños!.

Son personas que han conocido la palabra de Dios y afirman creer y conocer a Dios; pero, a la hora de poner en práctica todo eso que han creído, al momento de relacionarse con los demás, ¡No pueden ser como niños! No pueden perdonar, guardan rencor, buscan venganza, son egoístas pues no están dispuestos a ser dadores alegres, ni para su congregación ni para con los que se encuentran en necesidad; son envidiosos, no son misericordiosos, etc.


De manera que, éste tipo de personas tampoco podrán entrar en el reino de Dios, pues para entrar es necesario nacer de nuevo, (Jn 3:3), y es en ése nuevo nacimiento, que nos convertimos en niños al recibir un nuevo corazón con nuevos y buenos deseos. Y la evidencia de que en verdad hemos nacido de nuevo, y ahora tenemos corazón de niño, es que podremos recibir el reino de Dios como niños.


Como hemos podido aprender, ambas cosas son inseparables e indispensables. Una antecede a la otra, y ambas son el resultado de la obra redentora del Espíritu Santo en nuestras vidas, como consecuencia de haber creído en Jesús como nuestro único Señor y Salavdor.


¿Y tú, te has vuelto ya como niño?


¿Estas viviendo el resultado de ello recibiendo como niño el reino de Dios?


Por Anette García de Salazar



 
 
 

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