top of page

Deja de ser tú la Reina

  • Foto del escritor: Llamadas A Ser
    Llamadas A Ser
  • 21 abr 2021
  • 2 min de lectura

Actualizado: 22 abr 2021



Cristo es quien quiere y debe reinar en nuestras vidas. Todos conocen la oración del Padre nuestro o alguna vez lo han escuchado, inclusive aquéllos que no son creyentes.

Y podemos observar en el Padre nuestro, esa petición que dice: .."Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra". (Mt 6:10)

Al orar ésto, estamos pidiendo que sea él gobernando con toda su ley en toda la tierra, al igual que lo hace en los cielos, y eso implica la vida de todos nosotros, de cada uno de los seres humanos que habitamos el planeta tierra. Estamos pidiendo que él haga como el quiere, que cumpla su voluntad en cada uno de nosotros.


¿Pero, qué impide que ésta petición se vea cumplida en cada uno de nosotros?


Cuando las reinas o reyes somos nosotros, podemos orar a diario por esta petición, pero el problema surge cuando a la hora de hacer nuestra parte y llevarlo a la práctica, no lo hacemos. Lo que Dios nos pide es muy simple, que nos humillemos delante de él, para que en su tiempo él nos exalte. (1 Pedro 5:6)


Humillarnos significa entender que él es Dios y no nosotros, que él es digno y no tu y yo, que él es quien es merecedor de recibir toda la gloria, honra, y alabanza de las personas; que la resolución a mis problemas está en seguir su consejo y no el mio, que mi vida entera debe regirse por lo que él dice y no por lo que yo creo, que no me pertenezco a mi misma, que en cada desición a tomar en la vida debo dejarme guiar por su Espíritu, y no por mis deseos carnales o por lo que el mundo diga.

En fin, que somos suyos, ovejas de su prado, ¡que fuimos comprados a gran precio!, para que ahora vivamos por y para él.


Así que, lo que impide que él reine, es hacer caso omiso de todo lo anterior descrito y hacer las cosas como dice esa vieja canción: ..."a mi manera", que a la final, eso siempre resultará en tragedia y dolor en nuestras vidas y no en bendición, satisfacción y gozo.


Te invito a que juntas nos postremos en sincera humillación a Dios, que no seamos un pueblo que solo le honra de labios, pero que su corazón está lejos de él.

Te invito a que día a día, arrojemos nuestras coronas a sus pies, a que cada día nos quitemos del "trono" y se lo cedamos a él, a que no sólo creamos que el es el Rey de reyes, sino que lo tratemos en verdad como el Rey que creemos que es, y te invito a que nos sentemos como María a sus pies para escuchar diariamente su consejo.

Oremos cada día pidiendo más de él y menos de nosotros en nuestras vidas.


¡Dios te bendiga....que su voluntad sea aquí en la tierra como en los cielos!


Por Anette Garcia de Salazar.

 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post
bottom of page